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La vivienda se está volviendo inaccesible para los jóvenes: Alejandro Loera Aguilar

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El arquitecto Alejandro Loera Aguilar advierte que el acceso a una vivienda representa uno de los principales desafíos para las nuevas generaciones en México. El incremento en los costos de construcción, el precio del suelo y el crecimiento de las ciudades están modificando las posibilidades de quienes buscan construir un patrimonio.

Comprar una casa antes de los 30 años fue durante mucho tiempo una de las metas asociadas con alcanzar estabilidad económica. Para una parte de las nuevas generaciones en México, esa posibilidad parece cada vez más complicada.

El arquitecto Alejandro Loera Aguilar considera que el país enfrenta un problema que ya no puede observarse únicamente desde el mercado inmobiliario. La dificultad de los jóvenes para acceder a una vivienda también debería obligar a arquitectos, desarrolladores y autoridades a cuestionar qué tipo de ciudades se están construyendo.

“Estamos llegando a un punto donde tener trabajo y un ingreso estable ya no necesariamente significa que puedas comprar una vivienda. Para muchos jóvenes, los precios están avanzando mucho más rápido que su capacidad para construir un patrimonio”.

El problema, explica, responde a diferentes factores. El encarecimiento del suelo, los materiales y la construcción termina reflejándose en el precio final de casas y departamentos.

Pero existe otra variable: dónde se está construyendo la vivienda que todavía resulta accesible.

Vivir más lejos para poder comprar

Para Loera Aguilar, una de las consecuencias más visibles del encarecimiento de las ciudades es el desplazamiento de nuevos desarrollos hacia zonas cada vez más alejadas.

Encontrar terrenos económicos permite reducir ciertos costos, pero puede generar otros problemas para quienes finalmente habitarán esos espacios.

“Una vivienda puede parecer económica hasta que calculas cuánto tiempo y dinero vas a gastar todos los días para trasladarte al trabajo. No podemos llamar accesible a una casa únicamente porque tiene un precio menor; también debemos considerar cuánto cuesta vivir ahí”.

El arquitecto considera que esta discusión obliga a dejar de observar cada vivienda como un elemento aislado.

Transporte, servicios, escuelas, espacios públicos, centros de trabajo y comercios forman parte de la calidad de vida que ofrece una ciudad.

“No sirve de mucho entregar miles de viviendas si después las personas necesitan pasar tres o cuatro horas al día trasladándose. Construir casas sin construir ciudad termina trasladando el problema de un lugar a otro”.

¿Departamentos cada vez más pequeños?

Otra respuesta del mercado frente al incremento de precios ha sido reducir los espacios habitacionales.

Para Alejandro Loera Aguilar, construir viviendas más compactas puede ser una solución cuando existe un diseño adecuado, pero reducir metros cuadrados únicamente para alcanzar determinado precio también tiene límites.

“Vivir en un espacio pequeño no necesariamente significa vivir mal. Un buen diseño puede aprovechar extraordinariamente pocos metros cuadrados. El problema aparece cuando reducimos espacios sin preguntarnos si realmente siguen siendo funcionales para las personas”.

Las necesidades también cambian con el tiempo, una vivienda adquirida por una persona joven puede posteriormente convertirse en el espacio de una pareja, una familia o incluso en un lugar desde donde se trabaja.

Por ello, considera que la flexibilidad deberá convertirse en un elemento cada vez más importante dentro de la arquitectura habitacional.

La arquitectura también tiene responsabilidad

El problema de vivienda no puede resolverse exclusivamente desde la arquitectura. Factores económicos, financieros, laborales, regulatorios y territoriales tienen un peso determinante.

Sin embargo, Loera Aguilar considera que los arquitectos tampoco pueden mantenerse al margen.

“Sería muy sencillo decir que todo depende del precio del terreno o de la economía. Claro que esos factores pesan muchísimo, pero nosotros también tenemos responsabilidad. Tenemos que encontrar maneras de diseñar mejor, aprovechar los espacios y reducir costos sin sacrificar dignidad ni calidad”.

Esto implica reconsiderar materiales, procesos constructivos, distribución de espacios y aprovechamiento de recursos naturales como iluminación y ventilación.

Para el arquitecto, abaratar una vivienda no debería significar simplemente hacerla peor.

“La vivienda económica no debería convertirse en sinónimo de vivienda de mala calidad. Precisamente cuando los recursos son limitados es cuando más necesitamos inteligencia en el diseño”.

Una generación que podría cambiar su relación con la vivienda

El escenario también podría provocar un cambio cultural.

Si adquirir una propiedad resulta cada vez más complicado, las nuevas generaciones podrían mantener durante más tiempo esquemas de renta, compartir vivienda o buscar modelos habitacionales diferentes a los tradicionales.

Para Alejandro Loera Aguilar, la arquitectura mexicana deberá prepararse para responder a esa transformación.

“No podemos seguir diseñando todas las viviendas pensando que las personas viven igual que hace treinta años. Hay jóvenes que viven solos, parejas que no quieren hijos, personas que trabajan desde casa y familias con estructuras completamente distintas. La arquitectura tiene que entender esa realidad”.

¿Tener casa propia se convertirá en un privilegio?

Esa es, para Loera Aguilar, una de las preguntas más preocupantes.

La vivienda representa mucho más que un espacio físico. Para millones de mexicanos también constituye patrimonio, seguridad económica y una posibilidad de estabilidad a largo plazo.

Si las nuevas generaciones encuentran cada vez mayores obstáculos para acceder a ella, las consecuencias podrían extenderse durante décadas.

“Deberíamos preocuparnos si llegamos a normalizar que una persona pueda trabajar durante años y aun así considerar imposible comprar una vivienda. Cuando tener una casa propia comienza a percibirse como un privilegio y no como una meta alcanzable, significa que tenemos un problema que va mucho más allá de la arquitectura”.

Para Alejandro Loera Aguilar, México todavía tiene oportunidad de replantear la manera en que desarrolla sus ciudades y su vivienda.

Pero hacerlo requerirá pensar más allá del número de casas construidas.

“El gran desafío no es solamente construir millones de viviendas. Es conseguir que las personas realmente puedan pagarlas, habitarlas dignamente y desarrollar su vida alrededor de ellas. Si no resolvemos esas tres cosas, podemos construir muchísimo y aun así no solucionar el problema”.

Para el arquitecto, el futuro de la vivienda en México dependerá precisamente de encontrar ese equilibrio: construir espacios económicamente alcanzables sin convertir la calidad de vida en el precio que las nuevas generaciones tengan que pagar.

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