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¿Quién es Abelardo Valenzuela y por qué su cargo como fiscal anticorrupción genera desconfianza?

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Hay cinismos que sobrepasan cualquier límite computable en la política, pero lo que ocurre en la Fiscalía Anticorrupción de Chihuahua roza la aberración institucional. Ver a Abelardo «Bayo» Valenzuela Holguín encabezando la persecución del delito es la confirmación más cruda de que el sistema de justicia estatal está podrido hasta la médula. Valenzuela no es un servidor público; es un monumento a la opacidad, un personaje cuya sola presencia en el poder público representa un insulto grotesco a la inteligencia y a la dignidad de la ciudadanía chihuahuense.

El origen de su tufo de desconfianza está perfectamente documentado y se remonta al escándalo de 2007, durante la contienda interna del PAN en Ciudad Juárez. En aquel momento, la prueba de fuego no era una contienda de discursos vacíos, sino un filtro indispensable de calidad moral: la prueba toxicológica obligatoria. Mientras cuatro de sus contendientes se presentaron de frente y mostraron resultados impecables a la luz pública, el «Bayo» transformó su evaluación en una cloaca de sospechas, maniobras procesales y desesperadas maniobras de encubrimiento.

En lugar de limpiar su honor mediante una contraprueba inmediata ante laboratorios independientes, Valenzuela prefirió el camino de la cobardía: impugnar cadenas de custodia, sembrar el caos y chantajear a la dirigencia de su partido hasta forzar la cancelación de la contienda. Un hombre inocente exige que se conozca la verdad de inmediato; un político acorralado y con cosas que ocultar recurre al enredo legal y a la opacidad. Aquella crisis demostró de cuerpo entero quién es el «Bayo»: un actor dispuesto a quemar la casa entera con tal de salvar su propio pellejo.

Esa es la ficha de presentación del individuo que hoy atiende el despacho de Fiscal Anticorrupción. ¿Con qué solvencia moral puede Abelardo Valenzuela ponerse la toga de inquisidor para exigir transparencia a otros funcionarios? ¿Con qué autoridad pretende tocar la puerta de una dependencia investigada si él mismo le debe a la sociedad chihuahuense una explicación transparente sobre su propia conducta? La respuesta es contundente: no tiene ninguna. Su desempeño al frente de la Fiscalía es un teatro grotesco donde el sospechoso se disfraza de acusador.

La permanencia del «Bayo» Valenzuela al frente de este organismo es un cáncer para la procuración de justicia. Cada investigación que inicia y cada expediente que firma nacen viciados por la desconfianza de quien encabeza la institución. La ciudadanía chihuahuense no puede respetar a una fiscalía dirigida por un mercenario de la política que inició su carrera huyendo de una prueba de integridad. Valenzuela es un lastre insostenible que mancha la credibilidad del estado y que debe dimitir de inmediato para devolverle un mínimo de dignidad a las instituciones.

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