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Justicia

Ilegal la decisión del TEPJF para multar a Morena: Mario Delgado

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Mario Delgado lamentó la multa de 62 millones 235 mil 972 pesos impuesta por el INE y aseguró que es ilegal y de carácter político

El dirigente nacional de Morena, Mario Delgado Carrillo, señaló que la decisión del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), para multar a Morena, es ilegal y es de carácter político, porque detrás de ello está el expresidente del INE, Lorenzo Córdova.

Luego de que Morena fracasara en su intento de reducir la multa de 62 millones 235 mil 972 pesos que el Instituto Nacional Electoral (INE) le impuso por diversas irregularidades detectadas en su proceso interno para elegir a Claudia Sheinbaum Pardo como candidata presidencial, y tras la confirmación a la misma por el TEPJF, el dirigente lamentó el hecho.

«La multa a @PartidoMorenaMx que avala hoy el @TEPJF_informa es ridícula. La autoridad electoral quiere multar al partido por supuestos actos publicitarios de los que abiertamente se deslindaron quienes participaron en nuestros procesos internos.Esta es una decisión ilegal, de carácter político y lejana a los propios criterios que el Tribunal ha establecido con anterioridad» dijo Delgado en su cuenta de X.

También manifestó que el instituto electoral seguía siendo rehén del exconsejero presidente del INE, Lorenzo Cordova, pero aseguró que Morena logrará el Plan C en 2024.

“Las instituciones electorales siguen siendo rehenes y títeres de @lorenzocordovav. ¡Por eso este 2024 vamos a lograr el #PlanC para vivir en una auténtica democracia!”, señala el mensaje.

Para mañana, Mario Delgado dará una conferencia de prensa para explicar con mayor detalle esta resolución del TRIFE y aclarar que no es legal la misma.

En tanto, el dirigente del PRI, Alejandro Moreno, se refirió a lo resuelto por el TRIFE y en su cuenta de X escribió: “No que no? Se los venimos diciendo desde el principio. En Morena le apuestan a burlar la ley porque no creen en la democracia.

Morena es lo peor de la política en México, sus campañas son tan opacas como sus gobiernos. Por eso en 2024 #YaSeVan”.

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Justicia

Abelardo Valenzuela el fiscal anticorrupción que sigue sin convencer a Chihuahua

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Lo que debía convertirse en un organismo capaz de investigar posibles actos de corrupción sin presiones políticas ha terminado enfrentando una constante crisis de percepción pública. La discusión ya no gira únicamente en torno a los expedientes que investiga, sino sobre la autonomía, imparcialidad y credibilidad de quien dirige la institución.

Desde su llegada al cargo en 2022, Valenzuela ha estado acompañado por críticas relacionadas con su designación, sus antecedentes políticos y la cercanía que distintos actores le atribuyen con el gobierno estatal. Aunque ninguna de estas controversias ha impedido su permanencia en el puesto, sí han erosionado la confianza que una Fiscalía Anticorrupción necesita para operar con legitimidad.

La situación se agravó con diversos conflictos judiciales y enfrentamientos competenciales que colocaron a la dependencia en una ruta de confrontación constante con autoridades federales.

El episodio relacionado con Javier Corral llevó la discusión a un nivel nacional. Mientras la Fiscalía defendía sus actuaciones, sus críticos denunciaban una utilización política de la institución. El resultado fue una batalla pública que terminó generando más dudas que certezas.

Y ese parece ser el sello que ha acompañado la gestión de Abelardo Valenzuela: una acumulación permanente de cuestionamientos que la Fiscalía no ha logrado disipar de manera contundente.

El problema no es menor. Una fiscalía especializada en combatir la corrupción depende de la confianza pública para sostener su autoridad moral. Cuando esa confianza comienza a deteriorarse, cada investigación queda expuesta a sospechas, interpretaciones políticas y cuestionamientos sobre sus verdaderas motivaciones.

Mientras otras fiscalías buscan destacar por sus resultados, la de Chihuahua continúa atrapada en una discusión sobre su independencia.

Ese es quizás el mayor fracaso institucional de la actual administración. No porque existan resoluciones judiciales adversas o críticas de la oposición, sino porque después de años de gestión la principal pregunta sigue siendo la misma: ¿puede la ciudadanía confiar plenamente en la autonomía de la Fiscalía Anticorrupción?

A lo largo de este periodo, la dependencia ha tenido que responder una y otra vez a señalamientos relacionados con presuntas influencias políticas, decisiones controvertidas y conflictos con otras autoridades. Aunque la Fiscalía ha defendido sistemáticamente la legalidad de sus actuaciones, la percepción pública parece avanzar en una dirección distinta. Y en materia de reputación institucional, las percepciones suelen tener un peso tan importante como los argumentos legales.

La consecuencia es evidente: una institución diseñada para investigar la corrupción enfrenta hoy un desgaste de confianza que limita su capacidad para generar consenso social sobre su trabajo. Cada nuevo caso de alto perfil termina acompañado por debates políticos, sospechas partidistas y cuestionamientos sobre la verdadera autonomía de quienes toman las decisiones.

Abelardo Valenzuela ha insistido en defender la legalidad de sus decisiones. Sin embargo, la percepción pública parece contar una historia distinta. Y en política, pocas cosas son más peligrosas que una institución que pierde la capacidad de convencer a la ciudadanía de que actúa sin intereses ni compromisos ajenos a la ley.

Hoy, la Fiscalía Anticorrupción sigue siendo noticia. Pero no necesariamente por los casos que investiga, sino por las controversias que continúan persiguiendo a quien la encabeza. Mientras esa situación no cambie, la institución seguirá enfrentando el mismo desafío: demostrar que puede combatir la corrupción sin que una parte importante de la sociedad cuestione constantemente su independencia y credibilidad.

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La crisis de credibilidad que persigue a Abelardo Valenzuela

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La crisis de credibilidad que persigue a Abelardo Valenzuela

Las instituciones públicas pueden sobrevivir a las críticas. Pueden superar errores administrativos, enfrentar conflictos políticos e incluso resistir periodos de alta presión mediática. Lo que resulta mucho más difícil de recuperar es la confianza.

Ese parece ser precisamente el reto que enfrenta hoy la Fiscalía Anticorrupción de Chihuahua bajo la conducción de Abelardo Valenzuela Holguín.

Desde su nombramiento, la gestión del fiscal ha estado acompañada por cuestionamientos constantes que han alimentado una percepción de controversia permanente alrededor de la dependencia. Lo que debía ser una institución enfocada en investigar posibles actos de corrupción ha terminado enfrentando un debate recurrente sobre su propia credibilidad.

La situación se ha agravado debido a los conflictos de alto perfil que han involucrado a la Fiscalía durante los últimos años. Disputas jurídicas, enfrentamientos institucionales y desacuerdos con autoridades federales han colocado a la dependencia en el centro de una discusión que trasciende los expedientes y alcanza directamente la imagen pública de su titular.

Para sus críticos, la Fiscalía no ha logrado construir una percepción sólida de independencia. Para sus defensores, las controversias son consecuencia natural de investigar asuntos políticamente sensibles. Pero independientemente de la postura que se adopte, existe una realidad difícil de ignorar: la polémica se ha convertido en una constante.

Cuando una institución encargada de combatir la corrupción genera debates permanentes sobre su autonomía, surge un problema profundo de legitimidad pública. No basta con actuar dentro del marco legal; también es necesario convencer a la ciudadanía de que las decisiones se toman sin presiones ni intereses externos.

Esa es precisamente la batalla que enfrenta Abelardo Valenzuela. Una batalla que no se libra únicamente en tribunales o expedientes, sino también en el terreno de la opinión pública.

Y mientras las dudas, cuestionamientos y controversias sigan acumulándose, la Fiscalía Anticorrupción continuará enfrentando una pregunta que se ha vuelto recurrente en el debate político chihuahuense: si una institución encargada de generar confianza pública no logra disipar las dudas sobre su propia actuación, ¿cómo puede aspirar a fortalecer la confianza en el sistema que representa?

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Abelardo Valenzuela: la controversia permanente que persigue a la Fiscalía Anticorrupción de Chihuahua

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Pocas instituciones en Chihuahua enfrentan un nivel de cuestionamiento tan constante como la Fiscalía Anticorrupción. Creada para convertirse en una herramienta clave en el combate a la corrupción y en uno de los principales pilares del Sistema Estatal Anticorrupción, la dependencia tenía la misión de fortalecer la confianza ciudadana en las instituciones y garantizar que cualquier posible acto irregular dentro del servicio público pudiera ser investigado con independencia y sin presiones políticas.

Sin embargo, la realidad ha sido muy distinta. Durante los últimos años, la conversación pública ha dejado de concentrarse exclusivamente en las investigaciones impulsadas por la Fiscalía para enfocarse cada vez más en las controversias que rodean a su titular, Abelardo Valenzuela Holguín. Lo que debía ser una institución dedicada a señalar posibles irregularidades dentro del poder público ha terminado enfrentando cuestionamientos sobre su propia autonomía, imparcialidad y credibilidad.

Desde su designación en diciembre de 2022 comenzaron las críticas. Diversos legisladores de oposición cuestionaron el procedimiento mediante el cual fue nombrado y advirtieron que una institución con las responsabilidades de la Fiscalía Anticorrupción requería una figura capaz de generar confianza absoluta entre todos los sectores políticos y sociales. Las dudas sobre sus antecedentes políticos y sobre la percepción de cercanía con el gobierno estatal se instalaron desde el primer momento y, lejos de desaparecer con el paso del tiempo, se han mantenido presentes en buena parte del debate público.

El problema para la Fiscalía es que la confianza constituye su principal activo. A diferencia de otras dependencias gubernamentales, una fiscalía especializada no puede limitarse a actuar dentro de la ley; también debe convencer a la ciudadanía de que sus decisiones se toman sin influencia política, sin intereses partidistas y sin preferencias hacia ningún grupo de poder.

Esa percepción ha sido puesta a prueba en múltiples ocasiones.

El caso que colocó a Abelardo Valenzuela bajo el reflector nacional fue el relacionado con las investigaciones contra el exgobernador y actual senador Javier Corral. La confrontación entre autoridades estatales y federales provocó una disputa jurídica que terminó escalando a tribunales y generando una batalla política que rebasó las fronteras de Chihuahua.

Mientras la Fiscalía defendía la continuidad de las investigaciones, sus críticos denunciaban una utilización política de los procedimientos. El resultado fue una polarización aún mayor alrededor de la institución y un incremento en las dudas sobre su independencia.

Posteriormente, diversos desacuerdos competenciales, resoluciones judiciales y conflictos con autoridades federales continuaron alimentando la percepción de una Fiscalía inmersa en confrontaciones constantes. Cada nuevo episodio parecía reforzar la idea de una institución atrapada en disputas políticas en lugar de consolidar una imagen técnica e imparcial.

La consecuencia más grave no necesariamente se refleja en los expedientes judiciales, sino en la confianza ciudadana. Cuando una Fiscalía Anticorrupción genera más debate por las polémicas que rodean a su titular que por los resultados de sus investigaciones, inevitablemente surge una pregunta incómoda: ¿está cumpliendo con la función para la que fue creada?

Hoy, Abelardo Valenzuela encabeza una institución cuya actuación sigue siendo observada con lupa. Y mientras persistan las dudas sobre su autonomía y credibilidad, la Fiscalía Anticorrupción continuará enfrentando el reto más difícil de todos: recuperar la confianza de una ciudadanía que exige instituciones fuertes, independientes y libres de cualquier sospecha política.

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