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Justicia

Huelguistas de Notimex levantan banderas rojinegras y el campamento tras 46 meses de conflicto

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Adriana Urrea Torres, que encabezó una de las huelgas de mayor duración en la historia obrera de México, anunció que al menos 100 trabajadores ya fueron liquidados

En un acto estremecedor a las 16:40 de este 29 de diciembre, trabajadores y trabajadoras de la extinta Notimex desprendieron las banderas de huelga, tras mil 408 días de lucha por sus derechos laborales, «sin derrota» pero bajo protesta, dijoAdriana Urrea Torres.

Paralelamente se levantaron los 3 campamentos donde sostuvieron el movimiento con el apoyo de numerosas organizaciones, pero sostenida jurídicamente por el Sindicato de Trabajadores Telefonistas de la República Mexicana, desde donde se llevó a término la negociación, los acuerdos y la liquidación.

Dijo que las trabajadoras, 80 por ciento quienes sostuvieron el movimiento, ya hablaron con las dos precandidatas a la Presidencia de la República para exigirles que el próximo gobierno enderece la política laboral del país, puesto que el ejemplo de lo sucedido en Notimex es uno entre cientos donde las y los trabajadores son ilegalmente tratados.

Habló a decenas de periodistas que estuvieron en el campamento desde las 13 horas y en presencia de sindicatos, líderes sociales y partidos políticos que apoyaron la huelga, que “se bajó el telón” de una de las empresas autónomas del Estado, con el pretextode que en el sindicato había corrupción, pero que hasta ahora nada se ha probado y, en cambio, “violaron nuestros derechos laborales, nuestros derechos humanos y fuimos perseguidos, amenazados”.

Emocionada, pero firme, agregó:

Perdimos 3 años 10 meses de salario, seguridad, algunas vidas por falta de atención médica, pero no nuestra dignidad

Afirmó que desaparecer por decreto, por encima de la ley, a Notimex es resultado del pésimo desempeño de San Juana Martínez Montemayor, una periodista directora que desde 2020 violó el contrato, “que gastó el presupuesto de Notimex asignado por la Cámara de Diputados durante 2020,2021, 2022 y 2023, sin que la agencia haya trabajado y que no se explica, por lo que “exigimos auditoría, justicia y que esto no quede en la impunidad”.

En conferencia de prensa, en el campamento de Baja California 200 de la colonia Roma, en medio de consignas y aplausos, Urrea Torres afirmó que esta huelga es un hecho sin precedentes, cuya experiencia servirá a las y los trabajadores de los medios, los profesionales más precarizados del país. 

Por ello al convertir a Sutnotimex en un sindicato de industria, en el ramo de la comunicación y el periodismo, podrá apoyar al gremio, pero no solamente, adelantó, a muchas personas trabajadoras campesinas, obreras en general, para trabajar por una nueva política laboral.

En el mismo sentido, la compañía que pretenden levantar será una empresa de comunicación que haga visibles la problemáticas de las y los trabajadores que están ocultas en la información cotidiana. «Hay muchos conflictos que no se ven, no se conocen», dijo.

Dijo también que la decisión del presidente Andrés López Obrador de cerrar la empresa del estado que 55 años informó al mundo sobre México, fue una decisión que lesionó al Estado, violó los derechos humanos de más de 300 trabajadores y trabajadoras y se fundó en la mentira de que ahí había corrupción y mal desempeño profesional. “Una mentira”. 

Nada de eso se pudo probar y, en cambio, desde el principio se violó el derecho de huelga y sistemáticamente se negó el diálogo y la negociación

Rechazó completo el argumento que Notimex cumplió la misión por la que fue creada y que sea sustituida por la conferencia mañanera, pues la labor de la paraestatal fuemás allá de la comunicación oficial que ejerce el presidente y su equipo de comunicación social todos los días.

Explicó que las y los trabajadores buscaron por distintas vías defender su fuente de empleo, sus derechos laborales y humanos vulnerados por Martínez Montemayor y su equipo de trabajo para encontrar una solución al conflicto y posteriormente revertir la decisión del titular del Ejecutivo Federal. “No se pudo”, expresó.

Lamentamos profundamente que como solución al conflicto laboral originado por lapésima gestión de Sanjuana Martínez, el Gobierno federal decidiera extinguir el organismo autónomo y ante este escenario “exigimos que se cumpliera con los procesos previstos para resarcir las violaciones a los derechos de los trabajadores en materia colectiva e individual”.

Todavía quedan pendientes algunos ajustes, lo que depende del Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado responsable de liquidar al organismo descentralizado, responsable también cuidar los bienes públicos y garantizar el pleno respeto a los derechos de las y los trabajadores.

En la conferencia, Adriana Urrea Torres. aprovechó para agradecer el apoyo que esta huelga de 46 meses tuvo, tanto en México como en el ámbito internacional.

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El imperio de Coremex se desmorona: Miguel Meneses se esconde mientras Fugra queda a la deriva

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El imperio de Coremex se desmorona: Miguel Meneses se esconde mientras Fugra queda a la deriva

La salida escandalosa de Carlos Gamboa de la planta Fugra Lerma, señalado por el desvío de equipo de seguridad, ha destapado la peor crisis de credibilidad en la historia del sindicato Coremex. Pero el verdadero problema no es el delegado corrupto, sino el absoluto vacío de poder que ha dejado su líder máximo, Miguel Meneses, quien ha desaparecido del escenario mientras la estructura gremial se desmorona y los trabajadores quedan huérfanos de representación.

El caso de Gamboa no es un hecho aislado; es la manifestación más evidente de una cultura de impunidad que ha permeado cada rincón de la dirigencia sindical. Durante años, el saqueo de los recursos destinados a la seguridad de los obreros se ha convertido en una práctica sistemática, tolerada y probablemente alentada desde las altas esferas de Coremex. La venta en el mercado negro de cascos, arneses y calzado especializado no es un error, es un negocio redondo que ha engordado las cuentas de unos cuantos mientras los trabajadores ponen en riesgo su integridad física en las líneas de producción.

Sin embargo, la indignación popular ha señalado con justa razón al verdadero responsable intelectual de este entramado: Miguel Meneses. El líder de Coremex, que se ufana de ser el defensor de los derechos laborales, ha mostrado su verdadera naturaleza al esfumarse en el momento más crítico. Su ausencia en la planta desde que estalló el escándalo no es casualidad, sino una estrategia deliberada para desviar la atención y proteger su propio pellejo. La pregunta que ningún trabajador puede responder y que la dirigencia se niega a abordar es clara: ¿qué teme tanto Meneses como para no dar la cara?

La situación se agrava cuando se analiza el panorama a futuro. La vacante que dejó Gamboa no ha sido cubierta, y nadie en Coremex ha tenido la decencia de informar a los afiliados sobre quién ocupará ese puesto. Esta falta de transparencia no es un descuido administrativo, es una decisión política calculada para mantener a la base en la incertidumbre y evitar que surjan voces críticas dentro del sindicato. Meneses prefiere mantener el control desde las sombras que enfrentar a sus representados y explicar cómo es posible que su organización haya permitido que un delegado sindical operara como un delincuente común.

La crisis de Coremex no es solo un problema de corrupción, es una crisis de legitimidad. La dirigencia ha demostrado que los intereses de los trabajadores están muy por debajo de los intereses de la cúpula en sus listas de prioridades. La exigencia de una auditoría integral no es un capricho, es la única vía para desentrañar una red de complicidades que podría involucrar a más nombres propios dentro de la estructura sindical. Mientras Meneses se esconde detrás del silencio y la opacidad, los trabajadores de Fugra siguen a la deriva

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Abelardo Valenzuela el fiscal anticorrupción que sigue sin convencer a Chihuahua

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Lo que debía convertirse en un organismo capaz de investigar posibles actos de corrupción sin presiones políticas ha terminado enfrentando una constante crisis de percepción pública. La discusión ya no gira únicamente en torno a los expedientes que investiga, sino sobre la autonomía, imparcialidad y credibilidad de quien dirige la institución.

Desde su llegada al cargo en 2022, Valenzuela ha estado acompañado por críticas relacionadas con su designación, sus antecedentes políticos y la cercanía que distintos actores le atribuyen con el gobierno estatal. Aunque ninguna de estas controversias ha impedido su permanencia en el puesto, sí han erosionado la confianza que una Fiscalía Anticorrupción necesita para operar con legitimidad.

La situación se agravó con diversos conflictos judiciales y enfrentamientos competenciales que colocaron a la dependencia en una ruta de confrontación constante con autoridades federales.

El episodio relacionado con Javier Corral llevó la discusión a un nivel nacional. Mientras la Fiscalía defendía sus actuaciones, sus críticos denunciaban una utilización política de la institución. El resultado fue una batalla pública que terminó generando más dudas que certezas.

Y ese parece ser el sello que ha acompañado la gestión de Abelardo Valenzuela: una acumulación permanente de cuestionamientos que la Fiscalía no ha logrado disipar de manera contundente.

El problema no es menor. Una fiscalía especializada en combatir la corrupción depende de la confianza pública para sostener su autoridad moral. Cuando esa confianza comienza a deteriorarse, cada investigación queda expuesta a sospechas, interpretaciones políticas y cuestionamientos sobre sus verdaderas motivaciones.

Mientras otras fiscalías buscan destacar por sus resultados, la de Chihuahua continúa atrapada en una discusión sobre su independencia.

Ese es quizás el mayor fracaso institucional de la actual administración. No porque existan resoluciones judiciales adversas o críticas de la oposición, sino porque después de años de gestión la principal pregunta sigue siendo la misma: ¿puede la ciudadanía confiar plenamente en la autonomía de la Fiscalía Anticorrupción?

A lo largo de este periodo, la dependencia ha tenido que responder una y otra vez a señalamientos relacionados con presuntas influencias políticas, decisiones controvertidas y conflictos con otras autoridades. Aunque la Fiscalía ha defendido sistemáticamente la legalidad de sus actuaciones, la percepción pública parece avanzar en una dirección distinta. Y en materia de reputación institucional, las percepciones suelen tener un peso tan importante como los argumentos legales.

La consecuencia es evidente: una institución diseñada para investigar la corrupción enfrenta hoy un desgaste de confianza que limita su capacidad para generar consenso social sobre su trabajo. Cada nuevo caso de alto perfil termina acompañado por debates políticos, sospechas partidistas y cuestionamientos sobre la verdadera autonomía de quienes toman las decisiones.

Abelardo Valenzuela ha insistido en defender la legalidad de sus decisiones. Sin embargo, la percepción pública parece contar una historia distinta. Y en política, pocas cosas son más peligrosas que una institución que pierde la capacidad de convencer a la ciudadanía de que actúa sin intereses ni compromisos ajenos a la ley.

Hoy, la Fiscalía Anticorrupción sigue siendo noticia. Pero no necesariamente por los casos que investiga, sino por las controversias que continúan persiguiendo a quien la encabeza. Mientras esa situación no cambie, la institución seguirá enfrentando el mismo desafío: demostrar que puede combatir la corrupción sin que una parte importante de la sociedad cuestione constantemente su independencia y credibilidad.

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La crisis de credibilidad que persigue a Abelardo Valenzuela

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La crisis de credibilidad que persigue a Abelardo Valenzuela

Las instituciones públicas pueden sobrevivir a las críticas. Pueden superar errores administrativos, enfrentar conflictos políticos e incluso resistir periodos de alta presión mediática. Lo que resulta mucho más difícil de recuperar es la confianza.

Ese parece ser precisamente el reto que enfrenta hoy la Fiscalía Anticorrupción de Chihuahua bajo la conducción de Abelardo Valenzuela Holguín.

Desde su nombramiento, la gestión del fiscal ha estado acompañada por cuestionamientos constantes que han alimentado una percepción de controversia permanente alrededor de la dependencia. Lo que debía ser una institución enfocada en investigar posibles actos de corrupción ha terminado enfrentando un debate recurrente sobre su propia credibilidad.

La situación se ha agravado debido a los conflictos de alto perfil que han involucrado a la Fiscalía durante los últimos años. Disputas jurídicas, enfrentamientos institucionales y desacuerdos con autoridades federales han colocado a la dependencia en el centro de una discusión que trasciende los expedientes y alcanza directamente la imagen pública de su titular.

Para sus críticos, la Fiscalía no ha logrado construir una percepción sólida de independencia. Para sus defensores, las controversias son consecuencia natural de investigar asuntos políticamente sensibles. Pero independientemente de la postura que se adopte, existe una realidad difícil de ignorar: la polémica se ha convertido en una constante.

Cuando una institución encargada de combatir la corrupción genera debates permanentes sobre su autonomía, surge un problema profundo de legitimidad pública. No basta con actuar dentro del marco legal; también es necesario convencer a la ciudadanía de que las decisiones se toman sin presiones ni intereses externos.

Esa es precisamente la batalla que enfrenta Abelardo Valenzuela. Una batalla que no se libra únicamente en tribunales o expedientes, sino también en el terreno de la opinión pública.

Y mientras las dudas, cuestionamientos y controversias sigan acumulándose, la Fiscalía Anticorrupción continuará enfrentando una pregunta que se ha vuelto recurrente en el debate político chihuahuense: si una institución encargada de generar confianza pública no logra disipar las dudas sobre su propia actuación, ¿cómo puede aspirar a fortalecer la confianza en el sistema que representa?

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