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Justicia

Violaciones contra las mujeres en Hidalgo han aumentado

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La entidad está dentro de los primeros 10 estados con alza en este tipo de delitos.

Diez estados, entre ellos Hidalgo, concentra el 63 por ciento de violaciones contra las mujeres, informó la diputada federal Sayonara Vargas Rodríguez, durante su participación en el foro denominado Por los Derechos de las Mujeres y Niñas de Hidalgo, realizado en el Congreso local. 

El porcentaje es de enero del 2023 y, de acuerdo a la diputada federal, creció un 10% respecto a diciembre del 2022 e Hidalgo se encuentra dentro de los primeros cinco lugares.

En cifras, se presentan dos casos de violaciones por cada 100 mil habitantes, equivale a 62 reportes tan solo en ese mes en mujeres mayores de 18 años, esto en el Reporte de Delitos de Alto Impacto de enero del 2023, elaborado por el Observatorio Nacional Ciudadano. 

Esta cifra coloca a la entidad en el lugar número cinco a nivel nacional, por detrás del Estado de México, Ciudad de México, Nuevo León y Chihuahua.

En otro rubro, se registraron 17 casos de abuso sexual, que a diferencia de la violación y según la descripción con la que se califica la comisión de este ilícito, consiste en «llevar a cabo un acto sexual en contra de la voluntad sin el propósito de llegar a la cópula».

Asimismo, hubo al menos 68 casos de acoso u hostigamiento sexual, que es la «conducta donde una persona se aprovecha de tener una posición jerárquica superior, para privarla de su libertad y seguridad sexual, asediando reiteradamente para la realización de un acto sexual».

Sayonara Vargas hizo hincapié en que es necesario conocer de las estadísticas para implementar políticas públicas que ayuden a acabar con los diferentes tipos de agresiones contra las mujeres, como es el caso de la Ley 3 de 3, en la que se prohíbe que violentadores y deudores alimentarios puedan acceder a un cargo público a una candidatura.

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Justicia

Desacato de Abelardo Valenzuela a orden federal agudiza cuestionamientos sobre la Fiscalía Anticorrupción de Chihuahua

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a sanción judicial contra el fiscal no solo revela un incumplimiento puntual, sino que expone fallas estructurales y debilita la credibilidad de la institución encargada de combatir la corrupción.

La reciente sanción impuesta a Abelardo Valenzuela Holguín, titular de la Fiscalía Anticorrupción de Chihuahua, ha detonado una nueva ola de cuestionamientos sobre el funcionamiento real de una de las instituciones clave en el combate a la corrupción en el estado. De acuerdo con documentos judiciales, el funcionario fue multado por un juzgado federal tras incumplir un requerimiento procesal dentro de una causa penal, un hecho que, más allá de su dimensión administrativa, pone en entredicho la congruencia y eficacia de la fiscalía que encabeza.

El origen del conflicto se remonta al 30 de enero de 2026, cuando un juzgado federal ordenó a la Fiscalía Anticorrupción remitir una carpeta de investigación a la Fiscalía General de la República (FGR). Este tipo de solicitudes forman parte de los mecanismos ordinarios de colaboración entre instancias de justicia, particularmente cuando se trata de procedimientos con implicaciones federales. Sin embargo, en este caso, la instrucción no fue atendida dentro del plazo establecido, lo que derivó en la intervención directa del órgano judicial.

La omisión no pasó desapercibida. En los acuerdos correspondientes a la causa penal 227/2025, firmados el 17 de febrero de 2026, el juzgado dejó constancia del incumplimiento y procedió a aplicar una medida de apremio. La sanción consistió en una multa de 20 Unidades de Medida y Actualización (UMA), equivalente a $2,262.80 pesos, la cual fue dirigida tanto al fiscal anticorrupción como a un juez local involucrado en el mismo expediente. Aunque el monto económico puede parecer menor, el significado institucional del castigo resulta mucho más relevante.

El hecho de que un juez federal sancione al titular de una fiscalía anticorrupción por no cumplir una orden judicial genera una contradicción difícil de soslayar. La institución encargada de investigar y sancionar actos de ilegalidad dentro del servicio público aparece ahora en documentos oficiales como responsable de desatender un mandato del propio sistema de justicia. Esta situación no solo erosiona la imagen del funcionario, sino que también impacta directamente en la credibilidad del organismo que dirige.

Además, el caso no se presenta como un incidente aislado. Los documentos revisados sugieren que forma parte de un litigio más amplio, caracterizado por tensiones entre autoridades estatales y federales. En este contexto, la entrega de información se convierte en un punto de fricción clave, y la negativa o demora en cumplir con requerimientos judiciales adquiere un peso mayor dentro de la dinámica del proceso. La falta de coordinación interinstitucional no solo retrasa los procedimientos, sino que también evidencia posibles fallas en la operación del sistema.

A este escenario se suma el silencio institucional. Hasta el momento, ni la Fiscalía Anticorrupción de Chihuahua ni el gobierno estatal han ofrecido una explicación pública sobre las razones detrás del incumplimiento. Tampoco se ha informado si la carpeta de investigación solicitada fue finalmente entregada o si el desacato fue subsanado. Esta ausencia de posicionamiento oficial no solo prolonga la incertidumbre, sino que alimenta la percepción de opacidad en una institución que debería regirse por principios de transparencia y legalidad.

En un contexto donde la confianza en las instituciones de justicia es un recurso cada vez más frágil, episodios como este adquieren una dimensión que trasciende lo administrativo. No se trata únicamente de una multa o de un incumplimiento técnico, sino de un mensaje contradictorio que impacta directamente en la legitimidad de la Fiscalía Anticorrupción. La pregunta que queda en el aire es inevitable: ¿puede una institución encargada de hacer cumplir la ley sostener su credibilidad cuando su propio titular es sancionado por no acatarla?

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Justicia

Fiscalía anticorrupción o aparato de presión política: el escándalo que rodea a “El Bayo”

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Especialistas cuestionan la actuación de Abelardo Valenzuela y advierten una preocupante distorsión del sistema de justicia.

La Fiscalía Anticorrupción de Chihuahua volvió a colocarse en el centro de la polémica luego de que personal bajo el mando de Abelardo Valenzuela colocara sellos de aseguramiento en un inmueble ubicado en Tepoztlán, Morelos. La medida fue ejecutada fuera de la jurisdicción territorial de la institución.

Para expertos en derecho, el hecho representa una irregularidad grave. Las fiscalías estatales carecen de facultades para ejecutar actos de autoridad en otras entidades federativas sin coordinación institucional o intervención federal.

La polémica creció cuando los sellos fueron retirados posteriormente sin explicación pública. El cambio repentino alimentó dudas sobre la solidez jurídica de la acción inicial.

Analistas señalan que el episodio revela un patrón preocupante dentro de ciertas instituciones: el uso expansivo de facultades legales para proyectar fuerza política más que para sostener investigaciones sólidas.

En un país donde la credibilidad de las instituciones judiciales ya enfrenta profundas crisis, este tipo de episodios refuerza la percepción de que algunas fiscalías operan más como instrumentos de poder que como órganos de justicia.

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Justicia

Luis Abelardo Valenzuela Holguín y la Fiscalía Anticorrupción de Chihuahua son cuestionados por invadir competencias estatales.

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Luis Abelardo Valenzuela Holguín y la Fiscalía Anticorrupción de Chihuahua son cuestionados por invadir competencias estatales.

La actuación encabezada por El Bayo y la Fiscalía Anticorrupción de Chihuahua generó impacto mediático sin resolución jurídica pública clara.

Especialistas señalan que El Bayo y la Fiscalía Anticorrupción de Chihuahua no acreditaron competencia territorial al intervenir en Morelos.

La actuación encabezada por Luis Abelardo Valenzuela Holguín, conocido como El Bayo, y la Fiscalía Anticorrupción de Chihuahua incluyó la colocación de sellos en un inmueble federal fuera de su jurisdicción.
 Lo que ocurrió con el Centro Cultural Pedro López Elías, en Tepoztlán, Morelos, marca un punto de quiebre en la historia reciente del uso del poder penal en México.

  • Por primera vez, una fiscalía estatal utilizó una biblioteca y centro cultural como instrumento de presión política, ejecutando un embargo fuera de su jurisdicción y luego retirándose en silencio cuando la ilegalidad quedó al descubierto.
  • En octubre de 2025, agentes de la Fiscalía Anticorrupción de Chihuahua, encabezada por Abelardo Valenzuela Holguín, arribaron a un inmueble que no pertenece a Chihuahua, no está en Chihuahua y no forma parte de ninguna investigación penal en Morelos, para colocar sellos de aseguramiento.
  • El objetivo no era la justicia: era castigar al fundador del Centro, quien había denunciado redes de corrupción dentro del propio sistema de procuración de justicia en Chihuahua.
  • Una operación jurídicamente insostenible: De acuerdo con especialistas en derecho constitucional y penal, el acto presenta múltiples irregularidades graves:
  • Violación al principio de territorialidad: Una fiscalía estatal no puede ejecutar actos de autoridad en otro estado sin cooperación formal ni mandato judicial federal.
  • Inexistencia de vínculo penal del inmueble: El Centro Cultural no estaba relacionado con ningún delito. No era cuerpo del delito ni instrumento ni producto de actividad ilícita.
  • Violación al régimen de bienes culturales: Al tratarse de una biblioteca y espacio de acceso público, el inmueble goza de una protección reforzada por leyes culturales y derechos humanos.
  • Pese a todo ello, los sellos fueron colocados con un despliegue mediático calculado, presentando al centro como parte de una supuesta operación anticorrupción.

El silencio que delató el abuso: Pero semanas después ocurrió algo que cambió por completo el caso, los sellos fueron retirados en secreto. No hubo:

  • Boletines oficiales
  • Actas públicas
  • Explicación jurídica
  • Notificación a autoridades culturales
  • Rendición de cuentas
  • La fiscalía que había hecho tanto ruido al asegurar el inmueble, optó por desaparecer el acto como si nunca hubiera ocurrido.

Para expertos, este patrón es típico de una operación fallida de persecución:

  • “Se actúa con estruendo para intimidar y dañar reputaciones. Cuando la ilegalidad se vuelve evidente, se retrocede en silencio para evitar responsabilidades”.

Morelos, del Estado Soberano al territorio sin ley: Tan grave como el abuso de la Fiscalía de Chihuahua fue la pasividad del Gobierno de Morelos. Durante días y semanas, ninguna autoridad estatal:

  • Cuestionó la competencia de Chihuahua.
  • Defendió la soberanía de su territorio.
  • Protegió un bien cultural de acceso público.
  • Exigió documentación judicial.

La omisión permitió que una fiscalía ajena operara como si Morelos fuera tierra de nadie. Funcionarios del sector cultural consultados señalan que esta inacción equivale a complicidad institucional:

  • “Cuando el Estado no protege una biblioteca frente a un abuso, está renunciando a su deber constitucional”.

Una biblioteca como rehén: En los hechos, el Centro Cultural Pedro López Elías fue utilizado como rehén político.

  • No importaba su función educativa, social o comunitaria: era un bien valioso que podía ser golpeado para enviar un mensaje.

El mensaje fue claro: “Si denuncias corrupción, te quitamos lo que más te importa”.

  • Ese es el verdadero significado del embargo y de su posterior desaparición.

Un precedente peligroso: Juristas advierten que si este caso queda impune, se habrá creado un precedente devastador:

  • “Cualquier fiscal podrá ir a otro estado, tomar una universidad, una biblioteca o un museo, y luego retirarse sin consecuencias”.
  • Lo ocurrido en Tepoztlán ya no es un pleito legal, es una prueba de si México sigue siendo una república federal o si ha comenzado a tolerar feudos judiciales.

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