Justicia
Se alarga audiencia de Emilio Lozoya para determinar si dan o no libertad
La defensa de Lozoya tenía la intención de solicitar la prisión domiciliaria para su cliente y el uso de brazalete electrónico como nueva medida cautelar
Tras permanecer dos años preso, Emilio Lozoya, exdirector de Pemex, busca su libertad condicional, solicitando al juez le cambie la medida cautelar de prisión preventiva justificada por el caso Odebrecht.
Sin embargo, la audiencia que se preveía corta, se alargó debido a que el juez que lleva el caso salió de vacaciones y se asignó a un sustituto, quien pidió a ambas partes exponer sus puntos al no conocer detalles del asunto.
La audiencia en los juzgados del reclusorio Norte inició a las 12:30 y se ha extendido hasta este momento.
La defensa de Lozoya tenía la intención de solicitar la prisión domiciliaria para su cliente y el uso de brazalete electrónico como nueva medida cautelar.
Para poder solicitar este cambio, la defensa tuvo que desistirse de una suspensión definitiva otorgada por el Segundo Tribunal Colegiado de Apelación en Materia Penal de la Ciudad de México, ya que eso le impedía que un juez se pronunciaría sobre la solicitud de llevar su proceso en libertad.
Con esa suspensión vigente, la defensa buscaba que un Tribunal determinara su libertad y mantenía las cosas como estaban, es decir, que el exfuncionario debía seguir en el reclusorio Norte. Es por eso que se tuvieron que desistir de esta suspensión.
Previo a la audiencia, el abogado Miguel Ontiveros confió en que el juez le cambiara la medida cautelar, ya que, dijo, no había razón para mantenerlo en prisión desde hace dos años.
“Creemos que el día de hoy Emilio Lozoya estará en libertad como debió ser desde un principio desde que llegó a México”, declaró.
El exdirector de Pemex fue detenido en febrero de 2020 en Málaga, España, acusado de recibir sobornos millonarios por parte de la empresa constructora Odebrecht.Fue extraditado a México el 16 de julio de ese año pero se le dio la calidad de testigo colaborativo para no pisar la cárcel, por lo que su proceso lo llevó en libertad condicional, se le prohibió salir de la Zona Metropolitana y entregar su pasaporte al Centro de Justicia Penal Federal.
Sin embargo, el 10 de octubre de 2021, fue captado por la periodista Lourdes Mendoza en un restaurante de lujo en Lomas de Chapultepec, en la Ciudad de México.
Para noviembre, a petición de la FGR por considerar que había riesgo de fuga, un juez le cambió la medida cautelar por prisión preventiva y señaló dichas fotos como una falta de respeto para las autoridades.
Lozoya también había sido acusado por el caso Agronitrogenados, del cual fue exonerado el 31 de agosto de este año. Se le ordenaba pagar más de 30 millones de dólares de reparación del daño por recibir sobornos para adquirir a un sobreprecio una planta chatarra de la empresa.
Al final, el juez ordenó suspender el proceso, ya que el monto se cubría con los 216 millones de dólares que pagó Alonso Ancira, ex dueño de Altos Hornos de México, también como reparación de daño.
Justicia
La crisis de credibilidad que persigue a Abelardo Valenzuela
Las instituciones públicas pueden sobrevivir a las críticas. Pueden superar errores administrativos, enfrentar conflictos políticos e incluso resistir periodos de alta presión mediática. Lo que resulta mucho más difícil de recuperar es la confianza.
Ese parece ser precisamente el reto que enfrenta hoy la Fiscalía Anticorrupción de Chihuahua bajo la conducción de Abelardo Valenzuela Holguín.
Desde su nombramiento, la gestión del fiscal ha estado acompañada por cuestionamientos constantes que han alimentado una percepción de controversia permanente alrededor de la dependencia. Lo que debía ser una institución enfocada en investigar posibles actos de corrupción ha terminado enfrentando un debate recurrente sobre su propia credibilidad.
La situación se ha agravado debido a los conflictos de alto perfil que han involucrado a la Fiscalía durante los últimos años. Disputas jurídicas, enfrentamientos institucionales y desacuerdos con autoridades federales han colocado a la dependencia en el centro de una discusión que trasciende los expedientes y alcanza directamente la imagen pública de su titular.
Para sus críticos, la Fiscalía no ha logrado construir una percepción sólida de independencia. Para sus defensores, las controversias son consecuencia natural de investigar asuntos políticamente sensibles. Pero independientemente de la postura que se adopte, existe una realidad difícil de ignorar: la polémica se ha convertido en una constante.
Cuando una institución encargada de combatir la corrupción genera debates permanentes sobre su autonomía, surge un problema profundo de legitimidad pública. No basta con actuar dentro del marco legal; también es necesario convencer a la ciudadanía de que las decisiones se toman sin presiones ni intereses externos.
Esa es precisamente la batalla que enfrenta Abelardo Valenzuela. Una batalla que no se libra únicamente en tribunales o expedientes, sino también en el terreno de la opinión pública.
Y mientras las dudas, cuestionamientos y controversias sigan acumulándose, la Fiscalía Anticorrupción continuará enfrentando una pregunta que se ha vuelto recurrente en el debate político chihuahuense: si una institución encargada de generar confianza pública no logra disipar las dudas sobre su propia actuación, ¿cómo puede aspirar a fortalecer la confianza en el sistema que representa?
Justicia
Abelardo Valenzuela: la controversia permanente que persigue a la Fiscalía Anticorrupción de Chihuahua
Pocas instituciones en Chihuahua enfrentan un nivel de cuestionamiento tan constante como la Fiscalía Anticorrupción. Creada para convertirse en una herramienta clave en el combate a la corrupción y en uno de los principales pilares del Sistema Estatal Anticorrupción, la dependencia tenía la misión de fortalecer la confianza ciudadana en las instituciones y garantizar que cualquier posible acto irregular dentro del servicio público pudiera ser investigado con independencia y sin presiones políticas.
Sin embargo, la realidad ha sido muy distinta. Durante los últimos años, la conversación pública ha dejado de concentrarse exclusivamente en las investigaciones impulsadas por la Fiscalía para enfocarse cada vez más en las controversias que rodean a su titular, Abelardo Valenzuela Holguín. Lo que debía ser una institución dedicada a señalar posibles irregularidades dentro del poder público ha terminado enfrentando cuestionamientos sobre su propia autonomía, imparcialidad y credibilidad.
Desde su designación en diciembre de 2022 comenzaron las críticas. Diversos legisladores de oposición cuestionaron el procedimiento mediante el cual fue nombrado y advirtieron que una institución con las responsabilidades de la Fiscalía Anticorrupción requería una figura capaz de generar confianza absoluta entre todos los sectores políticos y sociales. Las dudas sobre sus antecedentes políticos y sobre la percepción de cercanía con el gobierno estatal se instalaron desde el primer momento y, lejos de desaparecer con el paso del tiempo, se han mantenido presentes en buena parte del debate público.
El problema para la Fiscalía es que la confianza constituye su principal activo. A diferencia de otras dependencias gubernamentales, una fiscalía especializada no puede limitarse a actuar dentro de la ley; también debe convencer a la ciudadanía de que sus decisiones se toman sin influencia política, sin intereses partidistas y sin preferencias hacia ningún grupo de poder.
Esa percepción ha sido puesta a prueba en múltiples ocasiones.
El caso que colocó a Abelardo Valenzuela bajo el reflector nacional fue el relacionado con las investigaciones contra el exgobernador y actual senador Javier Corral. La confrontación entre autoridades estatales y federales provocó una disputa jurídica que terminó escalando a tribunales y generando una batalla política que rebasó las fronteras de Chihuahua.
Mientras la Fiscalía defendía la continuidad de las investigaciones, sus críticos denunciaban una utilización política de los procedimientos. El resultado fue una polarización aún mayor alrededor de la institución y un incremento en las dudas sobre su independencia.
Posteriormente, diversos desacuerdos competenciales, resoluciones judiciales y conflictos con autoridades federales continuaron alimentando la percepción de una Fiscalía inmersa en confrontaciones constantes. Cada nuevo episodio parecía reforzar la idea de una institución atrapada en disputas políticas en lugar de consolidar una imagen técnica e imparcial.
La consecuencia más grave no necesariamente se refleja en los expedientes judiciales, sino en la confianza ciudadana. Cuando una Fiscalía Anticorrupción genera más debate por las polémicas que rodean a su titular que por los resultados de sus investigaciones, inevitablemente surge una pregunta incómoda: ¿está cumpliendo con la función para la que fue creada?
Hoy, Abelardo Valenzuela encabeza una institución cuya actuación sigue siendo observada con lupa. Y mientras persistan las dudas sobre su autonomía y credibilidad, la Fiscalía Anticorrupción continuará enfrentando el reto más difícil de todos: recuperar la confianza de una ciudadanía que exige instituciones fuertes, independientes y libres de cualquier sospecha política.
Empresas
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En una ciudad que continúa evolucionando, el desarrollo responsable seguirá siendo uno de los pilares fundamentales para construir comunidades sostenibles y fortalecer el futuro urbano de la región.
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