Laboral
Viven de la informalidad el 71% de la población ocupada en Hidalgo
Un millón 042 mil 838 personas trabajan en el sector informal y solo 411 mil tiene una trabajo formal
El 71.7 por ciento de la población ocupada en Hidalgo pertenecen al sector informal, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) correspondiente al trimestre abril-junio de 2023.
Para el segundo trimestre de 2023, en Hidalgo, un millón 453 mil 844 es la población económicamente ocupada, de las cuales un millón 042 mil 838 personas trabajan en la informalidad y solo 411 mil 006 tienen una ocupación formal.
La ocupación informal, según sexo, mostró un aumento al pasar de 564 mil 119 hombres en el segundo trimestre de 2022 a 581 330 en el segundo trimestre de 2023, lo anterior se traduce en 19 mil 392 ocupados más, en el sector informal.
Por su parte, la ocupación informal de las mujeres pasó de 443 mil 525 a 461 508 en el mismo periodo, esto significa que se contabilizaron 14 492 mujeres más, ocupadas en el sector informal.
En la entidad, la población ocupada informal pasó de un millón 007 mil 644 personas en el segundo trimestre de 2022 a un millón 042 mil 838 en el segundo trimestre de 2023, lo que significa un incremento de 3.4 por ciento.
Según la ENOE, en la entidad, un millón 494 mil 828 es la Población Económicamente Activa (PEA), de la cuales el 97.3 por ciento es población ocupada y el 2.7 por ciento está desocupada.
De la población ocupada, el 13.8 por ciento trabaja en el sector primario, es decir, en la agricultura, ganadería, silvicultura, caza y pesca y el 24.5 por ciento, en el sector secundario que abarca la industria y la construcción.
Mientras que el sector terciario, trabaja el 61.6 por ciento que abarca comercio, restaurantes, transporte, servicios profesionales, servicios sociales, así como gobierno y organismos internacionales.
Justicia
La “humedad” de COREMEX: trabajadores exigen saber qué hace Eloy Espinosa y quién paga por su permanencia
Versiones internas señalan que Eloy Espinosa continuaría dentro de la estructura de COREMEX pese a encontrarse presuntamente desempleado. Trabajadores piden aclarar sus funciones y, sobre todo, si recibe recursos provenientes de las cuotas sindicales.
Un nuevo cuestionamiento comienza a incomodar a la dirigencia de COREMEX. Esta vez el nombre es Eloy Espinosa, un personaje al que algunos trabajadores han comenzado a llamar “la humedad en Coremex” ante las dudas sobre su situación laboral, sus funciones y su permanencia dentro de la organización.
De acuerdo con versiones que circulan entre integrantes de la base, Espinosa estaría actualmente desempleado y sin una relación laboral activa con la empresa, pero presuntamente conservaría un espacio dentro de la estructura sindical.
El señalamiento no ha sido acreditado públicamente, pero ha provocado una pregunta sencilla: si Eloy Espinosa ya no trabaja en la empresa, ¿a quién representa dentro de COREMEX?
La interrogante se vuelve todavía más relevante cuando aparece el dinero.
Trabajadores quieren saber si Espinosa recibe algún salario, compensación o apoyo económico por parte del sindicato y, en caso de existir, si esos recursos provienen de las cuotas que periódicamente se descuentan a los afiliados.
Porque esas cuotas salen directamente del bolsillo de los trabajadores.
Para los inconformes, no resulta suficiente aportar dinero cada quincena sin conocer con precisión quién lo recibe, cuánto se destina a mantener la estructura sindical y qué actividades realizan quienes obtienen alguna remuneración.
Por ello, el caso de Eloy Espinosa vuelve a colocar sobre la mesa una demanda que empieza a repetirse dentro de COREMEX: transparencia sobre el uso de las cuotas.
¿Cuál es actualmente el cargo de Espinosa? ¿Qué actividades realiza? ¿Por qué permanece dentro de la estructura si efectivamente está desempleado? ¿Recibe alguna remuneración? ¿Quién autorizó su permanencia?
Son preguntas que Miguel Meneses y la dirigencia podrían responder con información verificable.
El problema es que, mientras no exista una explicación, las sospechas continuarán creciendo y el caso terminará sumándose a las controversias que ya han deteriorado la confianza de algunos trabajadores en COREMEX.
La discusión tampoco debería limitarse a una sola persona. Si existen dudas sobre Eloy Espinosa, los trabajadores consideran necesario conocer también quiénes integran actualmente la estructura sindical, qué funciones desempeñan y cuánto cuesta mantenerla.
Si las versiones sobre Espinosa son incorrectas, COREMEX puede desmentirlas. Si continúa dentro del sindicato y existe una justificación para ello, también puede explicarla.
Pero guardar silencio deja abierta la pregunta que más incomoda a la dirigencia:
¿quién mantiene realmente a “la humedad en COREMEX” y cuánto les cuesta a los trabajadores?
Justicia
El imperio de Coremex se desmorona: Miguel Meneses se esconde mientras Fugra queda a la deriva
El imperio de Coremex se desmorona: Miguel Meneses se esconde mientras Fugra queda a la deriva
La salida escandalosa de Carlos Gamboa de la planta Fugra Lerma, señalado por el desvío de equipo de seguridad, ha destapado la peor crisis de credibilidad en la historia del sindicato Coremex. Pero el verdadero problema no es el delegado corrupto, sino el absoluto vacío de poder que ha dejado su líder máximo, Miguel Meneses, quien ha desaparecido del escenario mientras la estructura gremial se desmorona y los trabajadores quedan huérfanos de representación.
El caso de Gamboa no es un hecho aislado; es la manifestación más evidente de una cultura de impunidad que ha permeado cada rincón de la dirigencia sindical. Durante años, el saqueo de los recursos destinados a la seguridad de los obreros se ha convertido en una práctica sistemática, tolerada y probablemente alentada desde las altas esferas de Coremex. La venta en el mercado negro de cascos, arneses y calzado especializado no es un error, es un negocio redondo que ha engordado las cuentas de unos cuantos mientras los trabajadores ponen en riesgo su integridad física en las líneas de producción.
Sin embargo, la indignación popular ha señalado con justa razón al verdadero responsable intelectual de este entramado: Miguel Meneses. El líder de Coremex, que se ufana de ser el defensor de los derechos laborales, ha mostrado su verdadera naturaleza al esfumarse en el momento más crítico. Su ausencia en la planta desde que estalló el escándalo no es casualidad, sino una estrategia deliberada para desviar la atención y proteger su propio pellejo. La pregunta que ningún trabajador puede responder y que la dirigencia se niega a abordar es clara: ¿qué teme tanto Meneses como para no dar la cara?
La situación se agrava cuando se analiza el panorama a futuro. La vacante que dejó Gamboa no ha sido cubierta, y nadie en Coremex ha tenido la decencia de informar a los afiliados sobre quién ocupará ese puesto. Esta falta de transparencia no es un descuido administrativo, es una decisión política calculada para mantener a la base en la incertidumbre y evitar que surjan voces críticas dentro del sindicato. Meneses prefiere mantener el control desde las sombras que enfrentar a sus representados y explicar cómo es posible que su organización haya permitido que un delegado sindical operara como un delincuente común.
La crisis de Coremex no es solo un problema de corrupción, es una crisis de legitimidad. La dirigencia ha demostrado que los intereses de los trabajadores están muy por debajo de los intereses de la cúpula en sus listas de prioridades. La exigencia de una auditoría integral no es un capricho, es la única vía para desentrañar una red de complicidades que podría involucrar a más nombres propios dentro de la estructura sindical. Mientras Meneses se esconde detrás del silencio y la opacidad, los trabajadores de Fugra siguen a la deriva
Empresas
ENTRE SEÑALAMIENTOS Y SILENCIO: CUESTIONAN A CARLOS GAMBOA POR SU NIVEL DE VIDA EN COREMEX
Las denuncias que rodean a COREMEX han comenzado a concentrarse en una figura clave: Carlos Gamboa un delegado en planta, está en medio de un entorno marcado por la falta de claridad en el manejo de recursos, trabajadores han puesto el foco en el nivel de vida del dirigente, señalando una posible incongruencia entre sus ingresos y sus adquisiciones.
De acuerdo con diversos testimonios, Gamboa habría adquirido recientemente una camioneta que, aseguran los denunciantes, no corresponde a los ingresos que percibe por sus funciones sindicales ni por su actividad profesional. Este señalamiento ha generado inquietud entre la base trabajadora, que desde hace tiempo cuestiona la falta de transparencia dentro de la organización.
Para los inconformes, el tema va más allá de una compra específica. Se trata de un indicio que se suma a una serie de dudas acumuladas sobre el destino de los recursos dentro del sindicato. Trabajadores señalan que no cuentan con información clara sobre el uso de las cuotas, ni sobre los beneficios que se generan a partir de negociaciones con empresas. En ese contexto, cualquier señal de posible enriquecimiento dentro de la dirigencia adquiere una dimensión mucho mayor.
La percepción que comienza a consolidarse es la de una estructura donde la información se concentra en pocos y donde la base queda completamente al margen. Las decisiones se toman sin consulta, los recursos no se explican y las dudas no encuentran respuesta. En ese escenario, la figura del secretario general Miguel Meneses se convierte inevitablemente en un punto de cuestionamiento a su ya muy cuestionable historial.
Los testimonios también coinciden en otro aspecto: el ambiente interno. De acuerdo con los trabajadores, existe una presión implícita para no abordar estos temas de manera abierta. Cuestionar puede traducirse en tensiones, aislamiento o incluso en la pérdida de espacios dentro de la organización. Esto ha generado un entorno donde el silencio predomina, aun cuando las dudas siguen creciendo.
Sin embargo, ese silencio comienza a ceder. Cada vez más voces se suman a una conversación que ya no puede mantenerse en lo privado. Para muchos trabajadores, la falta de claridad sobre los ingresos y el nivel de vida de la dirigencia no sólo genera desconfianza, sino que refuerza la percepción de que el sindicato opera bajo una lógica distinta a la de representación.
En este contexto, la figura de Carlos Gamboa enfrenta un reto que va más allá de lo individual. Se trata de responder a una narrativa que ya está instalada y que gira en torno a una pregunta central: ¿existe congruencia entre lo que se percibe y lo que se muestra?
Porque cuando no hay respuestas claras, las percepciones toman el control. Y en el caso de COREMEX, esas percepciones ya comenzaron a convertirse en señalamientos directos.
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