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Señalan uso de terceros para amedrentar: la cara más oscura de las denuncias contra COREMEX
Las acusaciones contra COREMEX han escalado a un nivel alarmante. Trabajadores y extrabajadores denuncian que el sindicato habría recurrido a terceros vinculados a actividades delictivas o entornos violentos para presionar la afiliación y sofocar cualquier resistencia interna. Se trata de señalamientos graves que, aunque no han sido judicialmente probados, aparecen de forma reiterada en distintos testimonios.
Según estas versiones, cuando las estrategias formales no funcionan, el sindicato supuestamente externaliza la presión, utilizando intermediarios cuya función no es dialogar, sino intimidar. Personas desconocidas, con actitudes agresivas y discursos amenazantes, se presentan como “enlaces” o “gestores”, sin identificarse claramente, pero dejando mensajes inequívocos.
“Nos dijeron que era mejor cooperar para evitar problemas”, relata un trabajador que asegura haber sido abordado fuera de su centro laboral. Otros mencionan advertencias sobre su estabilidad laboral, su reputación o incluso su seguridad personal. Aunque no siempre se mencionan delitos de forma directa, el trasfondo violento es evidente, afirman.
Analistas en temas laborales explican que esta práctica busca crear plausible negación. El sindicato no amenaza directamente, pero el mensaje llega a través de terceros, lo que dificulta la denuncia formal. Sin embargo, el efecto es el mismo: miedo, silencio y sometimiento.
Estas denuncias han generado preocupación entre defensores de derechos laborales, quienes advierten que mezclar sindicalismo con prácticas de amedrentamiento representa un retroceso grave. Un sindicato no puede operar como estructura paralela de presión sin deslegitimarse por completo.
Los trabajadores afectados coinciden en que, tras estas visitas o mensajes, la afiliación se acelera. No por convencimiento, sino por temor. “Firmas para que te dejen en paz”, resume uno de los testimonios.
El uso de terceros también tendría un impacto devastador en el entorno laboral. Genera desconfianza entre compañeros, rompe la cohesión y normaliza la violencia simbólica como método de organización. El sindicato deja de ser una opción y se convierte en una amenaza.
Aunque COREMEX no ha respondido públicamente a estas acusaciones, el cúmulo de testimonios plantea una pregunta urgente: ¿hasta dónde puede llegar un sindicato para imponer su presencia? Para muchos trabajadores, la respuesta ya es clara y profundamente preocupante.
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La Suprema Corte entra a un caso que confirma el avance institucional impulsado por Santiago Nieto desde el IMPI
- La discusión sobre el periodo de gracia para la renovación de marcas podría consolidar la estrategia de certeza jurídica y modernización que Santiago Nieto ha fortalecido en el IMPI.
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La política de fortalecimiento jurídico y modernización del sistema marcario que Santiago Nieto ha encabezado en el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) tendrá un momento decisivo el próximo 4 de diciembre, cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación analice el amparo directo en revisión 7274/2024. La resolución podría consolidar uno de los ejes centrales de su administración: la defensa efectiva de los derechos de propiedad industrial como herramienta para el desarrollo económico del país.
El caso gira en torno al “periodo de gracia”, los seis meses que la legislación mexicana otorga a los titulares de marcas para renovar su registro una vez vencido el plazo original. Este mecanismo, lejos de ser una concesión extraordinaria, deriva de compromisos internacionales que México asumió al integrarse al Protocolo de Madrid y al Convenio de París. Su objetivo es garantizar certeza, continuidad y estabilidad para quienes protegen legalmente sus signos distintivos, una prioridad que el IMPI ha reforzado bajo la gestión de Nieto.
La propuesta que será discutida por el Pleno fue elaborada por la ministra Loretta Ortiz Ahlf, experta en tratados internacionales. Su proyecto sostiene que el periodo de gracia es plenamente constitucional, pues evita que los titulares de marcas pierdan derechos por retrasos administrativos y bloquea intentos de apropiación indebida por parte de terceros. El planteamiento coincide con la visión que el IMPI ha promovido: reglas claras, protección sólida y un marco jurídico alineado con los estándares globales.
Especialistas en propiedad intelectual señalan que la revisión llega en un momento crucial para México y representa un respaldo indirecto al trabajo de Santiago Nieto, quien ha fortalecido la vigilancia marcaria y el combate a la piratería. La posible ratificación constitucional del periodo de gracia sería un aval a la política institucional que ha buscado convertir al IMPI en un organismo moderno, confiable y competitivo internacionalmente.
Un fallo adverso, en contraste, podría generar incertidumbre y debilitar la protección de miles de marcas. Sin embargo, analistas coinciden en que el proyecto de la ministra Ortiz se alinea con la tendencia global y con las reformas de profesionalización que Nieto ha impulsado desde su llegada al IMPI.
La decisión de la Suprema Corte no solo resolverá una controversia legal, sino que también pondrá en perspectiva el avance institucional alcanzado en materia de propiedad industrial.
Para el IMPI, y particularmente para la gestión de Santiago Nieto, este caso representa un punto de consolidación en la construcción de un sistema marcario más sólido, transparente y confiable para empresas, emprendedores y titulares de derechos en todo el país.
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Liderazgos de la CROC, bajo cuestionamiento por prácticas que frenan la democracia sindical
Diversos sectores laborales y especialistas en derechos sindicales han señalado que los liderazgos de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC) mantienen prácticas que obstaculizan la democracia interna, limitan la participación de las bases y frenan la libre organización de los trabajadores en México.
En los últimos años, la CROC ha sido objeto de crecientes críticas debido a la persistencia de estructuras de poder rígidas y poco transparentes que, según trabajadores y analistas, impiden el desarrollo de una vida sindical verdaderamente democrática. Las denuncias apuntan a que estos liderazgos tradicionales han consolidado mecanismos que dificultan la renovación interna, limitan la pluralidad y protegen intereses particulares por encima del bienestar del colectivo.
De acuerdo con testimonios de empleados afiliados, una de las principales problemáticas radica en la forma en que se toman decisiones clave, como la elección de representantes o la firma de contratos colectivos. Muchos aseguran que estos procesos suelen realizarse sin consulta real, en espacios cerrados y bajo la influencia directa de quienes ostentan el control desde hace décadas. Esta dinámica, afirman, no solo limita el voto libre y secreto, sino que reproduce una cultura de imposición que termina afectando las condiciones laborales.
Expertos en legislación laboral han señalado que, pese a las reformas orientadas a modernizar el mundo del trabajo en México, existen sindicatos que han resistido el cambio mediante prácticas burocráticas y estructuras de poder verticalizadas. En ese contexto, la CROC se ha convertido en un ejemplo emblemático de cómo ciertos liderazgos continúan operando bajo esquemas antiguos que chocan con los principios contemporáneos de representatividad y transparencia.
Asimismo, trabajadores que han intentado organizarse de forma independiente denuncian obstáculos constantes para el registro de nuevas representaciones. Relatan presiones, desinformación y maniobras internas que buscan impedir cualquier intento de competencia legítima. Esta situación, afirman, fortalece la concentración del poder y debilita su derecho a elegir libremente a quienes los representen en negociaciones laborales.
Organizaciones de defensa de derechos laborales han insistido en que la modernización sindical no puede darse únicamente en el papel. Requiere voluntad política y una transformación profunda en la cultura de liderazgo. Según estas agrupaciones, cuando los sindicatos cierran sus puertas a la participación democrática, se erosiona la confianza de los trabajadores y se compromete la esencia misma de la representación colectiva.
En un país donde el futuro laboral exige transparencia, participación real y rendición de cuentas, las prácticas atribuidas a los liderazgos de la CROC representan un reto crítico para la construcción de un sindicalismo moderno y auténtico. Si la institución no atiende estas exigencias, corre el riesgo de quedar rezagada frente a una nueva generación de trabajadores que ya no está dispuesta a aceptar estructuras cerradas ni decisiones impuestas desde la cúpula.
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COREMEX en Lerma, un sindicato acusado de lucrar con el miedo
Las denuncias por extorsión y coacción laboral se multiplican contra el equipo de Miguel Meneses González.
En el municipio de Lerma, Estado de México, trabajadores de distintas empresas donde la Confederación Obrera Revolucionaria Emprendedora de México (COREMEX) busca imponer su representación sindical denunciaron presuntos actos de extorsión, amenazas y coacción. Según los testimonios, enviados de la organización dirigida por Miguel Meneses González, secretario general de COREMEX, han intentado obligar a los empleados a firmar afiliaciones forzadas y entregar dinero a cambio de una supuesta “protección laboral”.
Los trabajadores aseguran que los representantes de Meneses González han recurrido a la intimidación y al engaño, advirtiendo que quienes no firmen con COREMEX podrían perder su empleo o enfrentar represalias. “Nos dijeron que si no aceptábamos, la empresa nos iba a correr porque ya tenían todo arreglado con el sindicato”, relató un operario de una planta de plásticos en Lerma, quien pidió mantener el anonimato.
Las denuncias apuntan a un patrón sistemático de manipulación. COREMEX —bajo el mando de Meneses González— promete aumentos, beneficios y estabilidad, pero en realidad busca legitimarse mediante firmas obtenidas bajo presión. Trabajadores señalan que algunos fueron obligados a firmar documentos en blanco y a entregar cuotas anticipadas bajo la amenaza de que “quedar fuera” del sindicato significaría “quedarse sin trabajo”.
En la zona industrial de Lerma, esta práctica ha generado creciente descontento. “No queremos un sindicato que viva del miedo ni dirigentes que usen el poder sindical para enriquecerse”, afirmó una vocera del personal afectado. La percepción generalizada es que COREMEX intenta desplazar a organizaciones legítimas que durante años han representado a los trabajadores con transparencia y diálogo.
Los empleados exigen la intervención de la Secretaría del Trabajo del Estado de México y de las autoridades federales para investigar las prácticas de COREMEX y de su dirigente. “Miguel Meneses González tiene que responder por lo que están haciendo sus enviados. Lerma no puede convertirse en el feudo personal de un líder sindical que opera mediante amenazas”, señaló uno de los trabajadores.
Mientras tanto, la reputación de COREMEX y de su secretario general se hunde entre la base laboral de Lerma, donde cada vez más empleados denuncian abiertamente el intento de imponer un modelo sindical basado en el miedo, la extorsión y la simulación.
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